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  Recordando a los caídos por la dignidad del pueblo obrero A 107 Años de una de las masacres más horrendas de la historia chilena 20-09-2018 14:42 (UTC)
   
 

Un día como hoy 21 de diciembre pero de 1907 bajo el gobierno de Pedro Montt, se llevo a cabo una de las atrocidades militares, amparadas por el gobierno más grandes de nuestra historia nacional, no la única, pero sí de las más importantes.

Corrian los años de la postguerra del pacifico Antofagasta y Tarapacá habían sido anexadas al territorio chileno tras la victoria en esta, en estos momentos el país comenzaba a vivir su expansión al resto del mundo gracias a la minería del cobre y el salitre, específicamente este último era el que le daba las mayores divisas a la región, sin embargo en todo el territorio se estaban viviendo a su vez vientos de cambio, entre el pueblo trabajador comenzaba crecer el descontento generalizado, los obreros levantaban la voz, se empezaban a movilizar, detenían sus palas y chusos exigiendo mejoras salariales y laborales, con esto nacían  las huelgas de clase obrera en las grandes ciudades, desde el comienzos del siglo XX que se gestaban estas exigencias de hombres libres como la huelga de Valparaíso en 1903 y de Santiago en 1905, pero la escuela de Santa María fue el punto final que se dio a ese periodo de hambre por la liberación del obrero y sus mejoras salariales, la huelga de los 18 peniques.

Tras los inicios de la movilización, que decidió marchar a Iquique para hacer fuerza donde el gobierno pudiera verlos y oírlos, mientras la caravana se acercaba a su destino miles de personas fueron sumando a la interminable fila de descontentos trabajadores del salitre, se estipula que 10 mil a 13 mil obreros de las distintas salitreras tuvieron cita en Iquique para reclamar por sus derechos como trabajadores cabe mencionar que gran parte de ellos era boliviano o peruano.

 Tras varios días de movilización el gobierno de Pedro Montt les ofreció iniciar conversaciones si todos volvían a sus faenas, petición a la que el trabajador del caliche se reusó pensando que si volvían a las labores sus propuestas no serian escuchadas y todo el esfuerzo entregado esa semana desde que comenzó la marcha por sus derechos quedaría en nada. Tras negarse los trabajadores a la petición del gobierno el ejercito al mando del asesino General Roberto Silva Renard abrió fuego contra la escuela lugar donde se refugiaron lo obreros, sus mujeres y niños todos los que hay se encontraban hambrientos dignos trabajadores fueron acribillados desde la distancia, luego los uniformados ingresaron a la escuela y por los patios de esta dispararon a discreción sin miramientos por ninguno de los ahí presentes, gritos de desesperación retumbaban entre las débiles murallas de la escuela, carreras improvisadas se iniciaron por todos lados tratando de arrancar de la muerte que acechaba frente a ellos, la sangre escurría por los pasillos y empapaba la tierra seca de Iquique, cuando el polvo dejo de moverse entre los patios de la escuela los trabajadores yacían en el suelo, inertes junto a sus familias, estaban ahí muertos, empapados de dignidad y lucha, de esfuerzo y libertad, lagrimas y de sangre tibia, asesinados por un gobierno que no escucho la voz de su pueblo que solo pedía mejoras laborales y salariales. Sus peticiones no fueron oídas hasta recién 1920

La matanza de “santa María de las flores negras” como la denomino Hernán Rivera Letelier en su libro, creo es este el nombre más acertado para este evento catastrófico de nuestra historia patria, las flores negras yacen hoy en la memoria colectiva, en la memoria de las ya olvidadas y cerradas salitreras, las que alguna hoy por hoy son parte del patrimonio de la humanidad, patrimonio del dolor y la miseria de los obreros que caminaron cientos de kilómetros para ser escuchados, tras salir de sus puertas los obreros nunca más las volvieron a cruzar.

Hoy a ciento siete años de este dantesco momento, nuestra absurdo manera de solucionar los problemas en esa época, hacemos memoria de lo sucedido en el norte y nos prometemos como sociedad nunca vuelva a suceder semejante error, ellos los trabajadores solo querían dignidad para sus familias, solo deseaban ser escuchados, solo deseaban caminar en libertad y volver a sus casas marchando erguidos,  valientes  calicheros, pasaron sus días con sus compañeros esforzados y terminaros sus vidas durmiendo junto a ellos en los fosos designados por el gobierno tras ese fatídico día 21 de diciembre.

Gracias a nuestra memoria ciudadana por darnos la información que hoy tenemos para no olvidarnos de aquellos nobles hombres de esfuerzo y trabajo, que desarmados marcharon en busca de dignidad a través del desierto y hoy un monumento se erige a ellos en el lugar de su deceso y las nuevas leyes laborales que ahora como sociedad disfrutamos y tanto no queremos por que afectan a nuestra vida, ellos trabajadores de sol a sol nos enseñan a apreciar lo bueno que es hoy el mundo comparado con la esclavitud trabajadora de principios del siglo XX, déjenme aclarar algo, digo esclavitud ya que creo que esta nunca fue abolida, más bien fue solo disfrazada de con el nombre libertad al menos para principios de siglo pasado en la zona norte del país, ejemplo claro de eso nuestros obreros del caliche, gente que murió por promover la dignidad laboral.

 

 

Gracias obreros del norte.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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